domingo, 19 de agosto de 2018

Un nuevo contrato de edición



El Instituto Veracruzano de Cultura reeditará mi libro Versiones, originalmente publicado por el Conaculta en el 2000, y hace unos meses firmé el contrato correspondiente, que considero bastante innovador. Las publicaciones del IVEC y otros organismos y dependencias no tienen carácter lucrativo, pero les imponen a los escritores e intelectuales un contrato similar a los de cualquier empresa editorial, obligándolos a ceder los derechos durante dos o tres años, de modo que ya no pueden contratar otras ediciones. Lo peor de todo es que no hacen ningún esfuerzo para comercializar los libros que imprimen; no los mandan ni siquiera a EDUCAL y a las librerías locales, y únicamente los venden a cuentagotas en algunas ferias del libro. En este caso, lo usual era que yo le cediera los derechos al IVEC durante un período de tres años, pero se me ocurrió consultar a la SOGEM (SOCIEDAD General de escritores de México), cuyo abogado señaló: "El contrato debe especificarse como una LICENCIA NO EXCLUSIVA, a efecto de que el autor esté en la posibilidad de licenciar la obra a terceros, atendiendo a que se trata de una obra sin fines de lucro… Además, encontré buena voluntad en el IVEC, donde hace unos dos años trabajé como asesor del Director general. La idea es que los escritores e intelectuales ya no tengan que ceder sus derechos a las editoriales universitarias y del gobierno y únicamente las autoricen imprimir y comercializar un determinado número de ejemplares, reservándose los derechos y quedando así en libertad de contratar otras ediciones. Del mismo modo que el libro electrónico no ha liquidado al libro impreso, también pueden co-existir en el mercado varias ediciones impresas de un mismo texto. Si alguna empresa editorial publicara otra edición de Versiones, la del IVEC no se dejaría de vender, porque resultaría más barata y apropiada para estudiantes; además, serviría para promover la otra edición, que tendría un precio más alto, pero también ciertas características que la harían preferible para otros lectores. Los libros de la Editora de Gobierno, por ejemplo, no son cosidos, según me hizo ver alguna vez Ángel José Fernández, y lo mismo pasa con los de IVEC que ahí se imprimen, de modo que una empresa editorial podría imprimir sus libros en una empresa como Rebosan que los cose y venderlos a un precio más elevados a lectores más exigentes. El IVEC sólo vende sus libros en algunas ferias y a veces en las librerías EDUCAL, y la otra edición tendría mejor distribución y se podría comercializar en el extranjero. El nuevo tipo de contrato permitiría generalizar esta situación e impulsar la industria editorial, actualmente aferrada a un tipo de capitalismo anacrónico y poco competitivo. Ahora falta que otros organismos y dependencias, como la Editora de Gobierno, las universidades y el CONACULTA adopten el nuevo tipo de contrato. Además, creo que se deben obligar a promover y a comercializar los libros que imprimen Hace tiempo traté de que las librerías Gandhi vendieran La gata revolcada, otro libro mío publicado en el 2009 por el IVEC, pero no quisieron porque no tenía código de barras. Logré luego que se enviaran algunos ejemplares a las librerías de la UNAM, donde no exigierón el código de barras, que ellos le pegaron en la contraportada. Ahora la Editora de Gobierno ya tramita el código de barras para sus libros, y el IVEC también lo va a hacer, pero hay que tratar además de que se vendan en las principales cadenas de librerías del país (Sanborns y las Gandhi), que desde luego no aceptan cualquier libro. – 
(La jornada veracruz, Viernes, abril 04, 2014).

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