domingo, 19 de agosto de 2018

Promoción cultural y recaudación de fondos




La noticia de que el inversionista mexicano David Martínez pagó más de 140 millones de dólares por una obra de Jackson Pollock, publicada el jueves por el New York Times, le dio la vuelta al mundo y lo hizo famoso, aunque ahora sea desmentida. En cambio, no tuvo tanta difusión la noticia de que, como resultado de un concurso, once jóvenes músicos canadienses podrán utilizar durante los próximos tres años varios violines y violoncelos costosos. 

El Consejo (canadiense) para las Artes (homólogo de nuestro CONACULTA) realiza audiciones para el Banco de Instrumentos Musicales cada tres años. Por segunda ocasión, Yi-Jia Susanne Hou, una violinista de 28 años, originaria de Mississauga, Ontario, obtuvo el primer premio en la competencia por los violines. En consecuencia, pudo escoger un instrumento y se decidió nuevamente por un Guarnerius del Gesú, fabricado en 1729. Jessica Linnebach, que nació en Edmonton y ahora toca en Ottawa con la orquesta del Centro Nacional de las Artes, obtuvo el segundo lugar y recibió un Stradivarius fabricado en 1700. Otro violinista de Edmonton, Judy Kang, que ahora reside en Nueva York, obtuvo también un Stradivarius, fabricado en 1689.

Soo Bae, un chelista de Toronto, obtuvo el primer lugar en la competencia de chelo y podrá utilizar durante los próximos tres años un Stradivarius fabricado en 1696, que es el instrumento más costoso del banco y está valuado en cinco millones de dólares. Raquel Mercer, que también nació en Edmonton, obtuvo un chelo fabricado por Nicolás Gagliano en 1824.

El Banco de instrumentos musicales es una colección de arcos e instrumentos de cuerda que incluye violines Stradivarius, Montagnana y Pressenda, valuada en 18 millones de dólares, una bicoca en comparación con la pintura de Pollock. Estos instrumentos han sido donados o prestados al Consejo para las Artes por filántropos y melómanos. Mejor dicho, los funcionarios a cargo del consejo no se limitan a administrar el presupuesto de ese organismo, sino que además recaudan fondos y han convencido a muchos millonarios de ese país de que inviertan en instrumentos y establezcan becas y premios para artistas.

De haber aquí algo parecido, Francisco Ladrón de Guevara no hubiera estado un año sin violín, y Erasmo Capilla usaría un Stradivarius desde hace años.

El caso es que los titulares del CONACULTA y otros organismos parecidos, como el IVEC, ni siquiera tienen entre sus atribuciones recaudar fondos, algo que en otros países se considera imprescindible, y así nunca han tratado de que los ricachones mexicanos como David Martínez, inviertan una parte de sus fortunas en instrumentos como los mencionados o patrocinen concursos como el “Angélica Morales” o apoyen a las orquestas.


(Política, jueves 9 de noviembre 2006)

No hay comentarios:

Publicar un comentario