domingo, 19 de agosto de 2018

Libros embodegados


En uno de los artículos recopilados en su libro Dinero para la cultura (México: Randon House Mondadori, 2013 ), Gabriel Zaid observa que “las universidades imprimen, no publican”, y lo mismo puede decirse de algunas dependencias como el IVEC y la Editora de Gobierno, cuya producción no se distribuye mucho que digamos y se queda embodegada.
La Editora de Gobierno sólo vende sus libros en el módulo de la Gaceta y en algunas ferias del libro, como la del Palacio de Minería, pero ni siquiera participa en todas las que se realizan en el país.
Además, me parece que ni el IVEC ni la Editora y tampoco la U.V. participaron en la Feria del Libro de Mazatlán que anualmente organiza la Universidad Autónoma de Sinaloa.
La Feria del Libro de la Universidad Autónoma de Nuevo León que se realizó hace unos días estuvo dedicada a la Universidad Veracruzana, pero la editorial de esta institución
no invitó al IVEC y a la Editora de Gobierno a participar, presentando algún libro o al menos exponiendo ejemplares en su stand, y tengo entendido que algunos auditores no ven con buenos ojos que la Editorial acepte en consignación libros de otras instituciones o dependencias de gobierno.
Por lo mismo, tampoco se informó a los investigadores, por si acaso querían participar en alguna forma, aprovechando la invitación.
¿Por qué no se hace un esfuerzo para mejorar la distribución y comercialización de los libros publicados por el Gobierno de Veracruz? ¿Por qué no se intenta recuperar la inversión en esas publicaciones? ¿De qué manera se promueven los libros que publican el IVEC y la Editora de Gobierno?
Cuando se publicó mi libro La gata revolcada, hace unos cinco años, el precio oficial era de 80 pesos, pero en las ferias lo vendían a 50 o 48, es decir con un descuento del cuarenta por ciento.
Entonces, logré que se mandaran ejemplares a las librerías EDUCAL y algunas otras,
que lo vendían a 80 pesos, pero ganaban el 40 por ciento, que es lo que se acostumbra.
Durante la Feria del Libro Infantil y Juvenil del año pasado, el IVEC “ofertó” sus libros a diez pesos, es decir a un precio inferior al costo de producción, pero ni así logró deshacerse de ellos, y este año en la Feria Internacional del Libro Universitario la oferta consistió en dar dos libros por uno, mientras que la Editora sólo ofreció un 20 por ciento de descuento, pero esto sólo un día.
Además, la oferta no tuvo difusión, y no creo por eso que hayan logrado vender muchos ejemplares.
Hace unos cinco años, traté de que La gata revolcada se vendiera en las librerías Gandhi, pero ahí me dijeron que no lo podían aceptar porque no tenía código de barras y desde entonces he estado insistiendo para que tanto los libros del IVEC como los de la Editora de Gobierno tengan ese código.
Y como el año pasado se reeditó mi libro, se lo envié a las librerías Gandhi, que lo analizaron y aceptaron, pero ahora resulta que no se le puede mandar a esa empresa porque la Editora de Gobierno no se ha dado de alta con Hacienda –no tiene un Registro Federal de Causantes – y por lo tanto no puede expedir facturas.
¿No es esto el colmo?
¡Quién se va a imaginar que una dependencia del Gobierno de Veracruz no se haya registrado debidamente para operar como cualquier editorial!.
El caso es que aparentemente los responsables tampoco tienen interés en hacerlo, como tampoco les interesa vender los libros y recuperar la inversión.
Hay desidia, no cabe duda.
A mí se me ocurrió por eso que el IVEC, que sí tiene un Registro Federal de Causantes y puede por lo tanto expedir facturas, se podría encargar de la distribución de los libros impresos en la Editora de Gobierno.
Se trata, al fin y al cabo, de dos dependencias del Gobierno de Veracruz.
Como ciudadano y como escritor interesado en la distribución de su libro, le expuse
esta posibilidad al nuevo director del IVEC, Rodolfo Mendoza, pero me contestó que no puede comercializar libros publicados por otras dependencias del Gobierno de Veracruz, debido a que incurriría en usurpación de funciones.
Por supuesto, nadie sugirió que lo hiciera sin el consentimiento de la Editora. Obviamente, habría que establecer un convenio, pero es obvio que el Maestro Mendoza no tiene muchas ganas de resolver el problema, aunque él mismo tiene un libro publicado por la Editora que se podría beneficiar de haber un acuerdo.

Y así están las cosas. 
(Punto y aparte, Publicado el 22 Mayo 2014)


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